Versos de perra negra

Prólogo de Luis Eduardo Aute

Qué inmenso placer encontrarse, después de tantísima sequía, con unos poemas de amor en estado de desprejuiciada ebullición, henchidos de poesía, reventando amor sin freno.

Al fin poesía impura, amiga Pura, como la noche clara del cuerpo. Lírica oscura y a discreción como el delirio de amor cuando estalla transfigurado en palabras que se buscan, se encuentran, se desnudan, se anudan y se rinden, consumadas, a la poesía del verbo hecho carne.




Poemas de amor en su máxima temperatura animal, allí donde el alma toma la forma del cuerpo que es objeto de deseo.

Más allá de la mujer, poesía compuesta por hembra para el hombre.

Poesía de hembra que se entrega, “perra negra”, animal fiel, que no leal, al amo que ella elige.

Aquí caen las catedrales del feminismo doctrinario y levantan el vuelo las hermosas quimeras de la hembra libre de todo dogma:


“A veces somos mariposas negras
pensamiento viajero en alas prietas.
A veces,
sólo a veces,
la quimera se viste de cazadora de luz”

Versos de perra negra, de Pura Salceda, es poemario (en estos tiempos que corren incorregiblemente correctos) trasgresor, temerario, valiente, suicida, como es el amor cuando es más poderoso que el miedo... a la muerte. También diría que podrían resultar en algún sentido “sexistas”, pero no es así; en todo caso, son versos inconfundiblemente femeninos en su condición más sexuada.

Estos versos son, efectivamente, “un canto a perderse y a encontrarse en algo más hermoso aún que la lujuria”. No son, jamás, recurrente mística erótica ni costumbrismo pornográfico urbano ... ni siquiera la experiencia de lo con-vivido. Son versos en presente de vindicativo, nunca reivindicando desamores ausentes, perdidos, añorados.

En estos poemas de Pura Salceda se insiste en lo negro como origen de la luz; luz que no existe sin la noche que le da sentido. Son versos de ardiente amor, tan incandescentes como las estrellas que iluminan, descubriéndola, la oscuridad de la noche:


“al acecho en atalayas teñidas de ocasos
en este campamento que es espera
cierro los ojos
y te veo.”

Insisto en el inmenso placer que me produce encontrarme, después de tanta sequía, con estos poemas, desde y sobre la vida, siempre que aceptemos que eso que llamamos vida sea la entrega absoluta, el sometimiento pleno, la rendición incondicional (como hace el perro con su amo) a la única esclavitud digna, inevitable, necesaria: la sublime y liberadora esclavitud del amor.

LUIS EDUARDO AUTE